16 de mayo de 2016

Sopa de cebolla inglesa

Últimamente amenizamos nuestros desayunos de fin de semana viendo algún capítulo del programa "Veterinario al rescate" o, si ya lo hemos visto, nos ponemos cualquier programa de cocina que tengamos grabado... Sí, pasamos tantas horas fuera de casa entre semana que nos tenemos que grabar los programas que nos gustan jeje.


Total, que el día que nos toca alguno de cocina, nuestra cocina tiembla. Desde el desayuno comenzamos a maquinar ideas para preparar una comida "chula", porque en esos momentos cualquier receta que aparece en la pantalla nos parece mucho mejor que lo que teníamos pensado hacer para comer...

Otras veces me da por sacar mis libros de cocina y revisarlos enteritos por que, además de que me encanta ver las fotos tan chulas que tienen, me suena haber visto en el programa una receta que me ha recordado a otra que tenía pendiente hacer...


Y la última posibilidad es que yo elija una receta de entre mis libros y mi cocinillas mejore la oferta diciendo que le suena que Jamie Oliver tiene una receta parecida... Y ya sabéis que cuando oigo ese nombre me olvido de todo lo demás. Serán manías, pero todas las recetas que hemos probado de este hombre nos han salido fenomenal. 

Así que de una simple sopa de cebolla que yo había elegido, pasamos a ésta acompañada de una rebanada de pan con queso al estilo inglés, con la que casi me da algo tras la primera cucharada. Jamás pensé que una sopa de cebolla pudiera estar tan buena.


Y es que romper la rebanada de pan llenita de queso para llegar a la sopa es una auténtica delicia que cuando te la llevas a la boca se multiplica por diez gracias a la rica combinación de sabores. Te encuentras unas cebollas suaves, un toque de puerro, el queso gratinado junto con el pan bien mojado en el caldo de pollo... Y de repente un toque inesperado de hierbabuena... uff!!!

En la receta original utiliza salvia, pero como no la encontramos nos decantamos por la hierbabuena que siempre queda rica en las sopas, aunque no me atreví a cocerla con el caldo por si luego sabía demasiado...

24 de abril de 2016

Bizcocho de remolacha y chocolate - Reto #elasaltablogs

¡Buenos días! A mi los meses cada vez se me pasan más rápido... Ya ha llegado el último domingo de abril y yo me enteré (literalmente) hace tres días.


El jueves por la tarde salí tranquilamente de mi trabajo, me subí al autobús y me puse a cotillear Facebook. Chistes, vídeos de gatos y entre medias me encontré con una publicación de Toñi de Azúcar en mi cocina en el grupo de El Asalta Blogs, en la que comentaba que acababa de caer que este domingo tocaba publicar.

¡¡¡¿¿¿QUEEEEEE???!!!

Se me salieron los ojos y empecé a hiperventilar al segundo de leerlo... No puede ser, tiene que estar equivocada (ella y el resto que siguieron comentando...) Miro el calendario y compruebo que no, que era verdad y que no estaba equivocado todo el mundo menos yo... Oye, podría ser ¿no? La esperanza es lo último que se pierde jeje.


Al menos la víctima de este mes la tenía clarísima porque ¡somos casi vecinos! Que gracia me hizo descubrir que Iván Plademunt, del blog El Restaurante Imaginario, tiene un restaurante (no imaginario, si no de verdad de la buena), en Alcalá de Henares ¡y es otro alcalaino de adopción como yo! No sé por qué pero siempre lo había situado por otro lado, pero ahora que lo he localizado ¡tendremos que hacerle una visita porque menuda pintaza tiene su carta!


La verdad es que me costó bastante decidirme por una receta porque tiene un montón riquísimas y tan originales como este pan de Sant Jordi, que si hubiera tenido más tiempo el sábado lo habría preparado para celebrarlo sí o sí. Y no fue hasta el viernes por la noche, durante mi segunda ronda a hurtadillas por su cocina, que descubrí este bizcocho de remolacha y chocolate y me lo llevé sin pensármelo dos veces.

Tenía ganas de probar la remolacha en un plato dulce, podía hacerlo el sábado tranquilamente y lo mejor de todo es que lo disfrutaríamos con toda la familia porque íbamos a pasar la tarde en el nuevo piso de nuestros primos. No podía desperdiciar una oportunidad como esa ¡no tengo todos los días tantos conejillos de indias! Jajaja. Por suerte el bizcocho gustó a todo el mundo y cuando lo probé yo, no me extrañó.


Pese a que cuando saqué el bizcocho del molde tenía un olor bastante fuerte a remolacha y me asustó un poco, una vez frío sabía solo a chocolate. La remolacha no se nota, pero sí que ayuda a suavizar el sabor y hacer que el bizcocho sea más ligero y jugoso. La única pega que le pondría es que se desmigaba mucho, pero eso también podría ser porque estaba recién hecho o que mi horno empieza a tomarse las cosas con más calma y cada vez tarda más en hornear... Habrá que prepararlo de nuevo para comprobarlo ;).


Iván, ha sido todo un placer descubrir este postre tan rico. Raro en mi, he sido totalmente fiel a la receta, aunque me he quedado con las ganas de probarla con el azúcar de coco ¡a ver si lo encuentro!

17 de abril de 2016

Mermelada de fresas casera baja en azúcar

Ya tenia ganas de traer por el blog esta receta porque, desde que me lancé a finales del verano pasado y me atreví a hacer mi primera mermelada, ¡no he parado de probar nuevos sabores!


El tema de las mermeladas, las conservas o los encurtidos siempre me han llamado la atención. Además, me recuerdan muchísimo a mi abuela. La verdad es que no recuerdo si hacía muchas o pocas conservas, pero tengo varios recuerdos de mi infancia viéndola trastear con las ollas en la cocina, hirviendo botes y luego encontrármelos en hileras boca abajo esperando a que se enfriaran. Guardar la comida así o crear una mermelada me parecía algo mágico. 


Y tan mágico era para mí que, como os he comentado antes, hasta finales del verano pasado no probé a hacer mermelada por primera vez. Y lo mejor de todo es que me lancé casi sin pensarlo, tras comprar una mermelada en el supermercado que al abrirla nos pareció más un bote de gelatina que de mermelada. Me dio tanto repelús que me dije, hasta aquí hemos llegado, a partir de la semana que viene pruebas a hacer mermelada.

Y fue dicho y hecho. Comencé con los melocotones, luego vinieron las ciruelas y la última que he probado es la que os traigo hoy, la de fresas. La verdad, viendo lo poco que cuesta hacerla, lo que dura y lo rica que está, me arrepiento de no haberlas probado antes.


Lo mejor de todo es que, al hacerla tú, la puedes ajustar a tus gustos. Rebuscando recetas encontré varias que la hacían con la mitad de la cantidad de azúcar habitual, un punto que me gustó mucho porque siempre intento reducir el azúcar en la repostería del día a día.

Además, nosotros no le ponemos gelatina, como mucho una cucharadita de agar-agar si veo que queda muy líquida, aunque en esta de fresas no hizo falta. También he de deciros que a nosotros nos gusta un poco líquida y con buenos tropezones, que se note la fruta de vez en cuando, así que por eso no solemos espesarla más. 


Os animo a que, si no la habéis hecho ya, probéis a preparar mermelada en casa. Cualquier desayuno o merienda con ella os sabrá a gloria. Y las tartas como esta, ¡ni os cuento! ;)


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